Carta de Carlos Osoro a los presos

Con motivo de un nuevo día de convivencia de nuestro arzobispo con los presos de Soto del Real, don Carlos les ha enviado la siguiente carta:

Madrid, 24 de septiembre de 2017

Queridos hermanos y hermanas privados de libertad:

Con motivo de la fiesta de Ntra. Sra. de la Merced, vuestra Patrona, quiero dirigirme a quienes sufrís la privación de libertad en Soto del Real y en el CIS Victoria Kent, ambos en mi querida Archidiócesis de Madrid, y a vuestras familias. También saludo afectuosamente a los sacerdotes y miembros de la capellanía y al voluntariado católico, así como a quienes trabajan en los centros penitenciarios en favor de la reinserción social de las personas a su cargo. Finalmente, quiero recordar a las víctimas de los delitos, frecuentemente olvidadas, y a todos los agentes, no siempre reconocidos, que intervienen en el procedimiento penal y penitenciario.

En mis últimas visitas al centro penitenciario de Soto del Real, he querido transmitiros mis más profundas convicciones. Por eso, os he ido regalando una reproducción de cuadros con contenido evangélico que me conmueven profundamente. Os recuerdo el del abrazo del Padre misericordioso al hijo pródigo y mis letras llenas de afecto el Jueves Santo de este año: “La realización más plena del ser humano se da cuando se deja abrazar por Dios. Vive con el abrazo de Dios. Jesús nos lo da a cada uno de nosotros sin condiciones. No te escondas. Deja que te abrace. Su abrazo es muestra de cariño y de que quiere contar contigo. Es un abrazo que nos pone en otro camino, en un camino nuevo”. Cristo busca siempre el encuentro con cada ser humano, no importa la situación en que se halle.

La dureza de las condiciones de la vida carcelaria no deben impedir un encuentro profundo con el Señor. Él fue enviado a dar la Buena Noticia a los pobres y a proclamar la libertad a los cautivos. Pero nada de eso podremos experimentar, si no renunciamos a nosotros mismos, si no asumimos nuestros errores, si no reparamos en lo posible el daño que hemos causado y nos adentramos por un camino nuevo. En él no nos faltará la ayuda de Dios y de la Iglesia, muy especialmente a través de la Pastoral Penitenciaria y el voluntariado cristiano. Es verdad que a todos nos toca allanar ese camino para que la reinserción no sea una palabra hueca y sin contenido. En ese sentido, hago mías las proféticas reflexiones de San Juan Pablo II con motivo del Jubileo de las prisiones. Nos animaba a repensar el sistema penal evitando que la pena se convierta en una odiosa retorsión social. Convocaba a una justicia reconciliatoria. Pedía que los poderes públicos fueran garantes de vuestros derechos, sabiendo que el único Señor del tiempo es Dios. Y demandaba políticas que se esforzasen en crear nuevas ocasiones de recuperación para cada situación personal y social, aunque aparentemente pareciera irremediablemente comprometida. No existen las personas irrecuperables. La perfectibilidad es un atributo que nos ha regalado Dios junto con la dignidad. Por eso, los comportamientos rechazables jamás agotan las posibilidades de recrearse de las personas que los ejecutaron.

Por increíble que os resulte, no estáis solos en este intento. En bastantes ocasiones, contáis con el apoyo y el sufrimiento impotente de los vuestros. Pero incluso cuando todo vínculo parezca haberse roto, cuando estéis a punto de tirar la toalla y desesperar, por favor, no olvidéis la reproducción del último cuadrito que os regalé. El que representa a unos marinos en una barca que zozobra y la mano vigorosa que desde lo alto se abre paso entre la bruma y sostiene con firmeza a los que se aferran a ella. Os escribía: “Las manos nos las ha dado Dios para ayudarnos unos a otros. A veces nos cansamos de hacerlo y estropeamos el mundo y las relaciones entre nosotros. Ten la seguridad de que Dios no se cansa de darnos su mano. Bien sabes tú que, hagas lo que hagas, Jesús te da su mano salvadora siempre. Pon tu mano en la suya”. Por tanto, agarraos fuertemente al Señor. Cuando los seres humanos fallamos, Él jamás traiciona. Su lealtad está a prueba de todo. Incluso aun cuando la hayamos puesto a prueba con errores o pecados irreversibles en sus consecuencias. Dejaos querer por Dios, acercaos a la misericordia que se vuelca en la Iglesia, en el encuentro que se produce en la oración que nos transforma sin darnos cuenta, y en los sacramentos que nos regalan la fuerza que nuestra debilidad no alcanza.

Para empezar ilusionados este curso he escrito una Carta Pastoral que os hará llegar la Pastoral Penitenciaria. La titulo: “Iglesia: ¡anuncia a Jesucristo! Eres luz y sal del mundo.   Elegidos y bendecidos para anunciar a Jesucristo”. Creo que os puede ser de gran provecho. Quiero que sepáis que sin vosotros la Iglesia estaría mutilada, no podría hacer visible el rostro de Cristo que se revela también en vosotros y en la dureza de las situaciones que en muchos casos os ha conducido a la cárcel. ¡Todos los hermanos y hermanas privados de libertad estáis llamados a ser luz y sal! No dejéis que la privación de libertad os amargue tanto que os impida experimentar con gozo que, también en la cárcel, sois elegidos y bendecidos por el Señor para ser  discípulos y misioneros predilectos.

Pido a nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Merced, que sigáis su gran consejo: “haced lo que Él os diga”. A ella presento vuestras esperanzas y vuestras zozobras. También el anhelo de una sociedad más pacificada y justa, dispuesta a la reconciliación y al perdón, y capaz de poner en práctica las medidas sociales y jurídicas para que se cumpla el sueño del Señor: Que no se pierda ninguno de los que le han sido confiados (cf. Jn 17,12).

Ese es también mi sueño. Este verano, la última vez que nos encontramos, publiqué en twitter que compartía la jornada con unos buenos amigos. Es rigurosamente cierto, aunque sé que de vosotros recibo más de lo os puedo dar. El Evangelio de Jesús es nuestra común riqueza, el que nos recuerda que podremos llamarnos en verdad amigos suyos si hacemos lo que Él nos pide.

Que el Señor Libertador de Cautivos y la intermediación de su Madre, Ntra. Sra. de la Merced, nos ayude a  todos a alcanzarlo.

Con todo cariño os abraza y bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro
Arzobispo de Madrid

[Puedes descargar la carta en PDF pulsando aquí]

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