El obispo, con los presos de Soto del Real

Hoy, 24 de septiembre, se celebra la memoria litúrgica de Nuestra Señora de la Merced, patrona las Instituciones Penitenciarias. Con este motivo, el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha presidido una Eucaristía en la cárcel de Soto del Real.

Acompañado de José Luis Segovia, vicario de Pastoral Social e Innovación; el padre Ángel Camino, vicario episcopal de la Vicaría VIII; el padre Paulino Alonso, capellán de la prisión, la nueva delegada episcopal de Pastoral Penitenciaria, María Yela García, y un grupo de sacerdotes, el arzobispo de Madrid ha presidido la Eucaristía que se ha celebrado en el salón multiusos de una prisión que hoy, un día distinto para ellos, resplandecía con un color diferente. Los rostros de los presos, atados, un día más, al peso de su condena, sonreían de verdad, alababan a Dios al son de la guitarra, el teclado y la esperanza, y miraban de una manera especial al pastor que les recordaba, desde la primera nota de su canto, que Jesús, siendo Dios, también pasó por la cárcel.

Una tierra de hermanos

«Somos hermanos y este es el gran anuncio que hizo Jesucristo: decirnos que los que habitábamos esta tierra y este mundo éramos hermanos», ha recordado monseñor Osoro al comenzar la homilía, ante la mirada atenta de los presos. «A veces nos cuesta entenderlo –ha continuado– y por eso, quizá, el Señor dejó que fuese su Madre la que nos lo explicase. Todos los que estamos aquí, de una manera o de otra, tenemos un recuerdo muy especial de nuestras madres. Pues imaginaos que sea Dios mismo el que nos ha dicho, como habéis escuchado, estas palabras: “ahí tienes a tu Madre”. Porque, en aquel muchacho, en Juan, estábamos todos nosotros, y el Señor nos lo decía a todos».

Haciendo alusión a cada una de las lecturas, descifradas con cuidado y emoción por tres presos de distintas nacionalidades, el arzobispo les ha anunciado la maravilla de tener una madre que nos enseña lo que anuncia el Evangelio: «se nos decía que el Mesías iba a venir a este mundo para darnos la libertad, para darnos horizontes claros de la vida, para entregarnos una manera de situarnos entre nosotros muy diferente a la que a veces nosotros, con nuestras fuerzas, queremos situarnos». Pero qué maravilla, aún más todavía, ha continuado, «cuando escuchábamos la Carta de san Pablo a los gálatas, donde nos dice quién es ese Dios: uno que se ha hecho hombre, igual que nosotros. Es más, os diría que pasó por todas las circunstancias por las que un ser humano puede pasar; hasta por la cárcel, también, siendo Dios». Por tanto, les ha dicho, mirándoles a los ojos y sin una sola barrera, que «no quiso separarse de nadie; este hijo de María que Nuestra Señora de la Merced nos presenta, poniendo de frente a este Jesús que quiso hacerse hombre e identificarse con todos nosotros”.

El tiempo de Dios reconstruye nuestra vida

Todo ser humano, ha afirmado, más allá de la circunstancia en la que viva, «tiene un tiempo que le regala Dios para reconstruir su vida. Yo, hace poco que soy arzobispo en Madrid, y también me ha dado un tiempo para repensar mi vida, porque no es igual esto que cuando estaba en Orense, o en Asturias, o en Valencia… es distinto». Aquí «me encuentro con otras realidades y no puedo hacer lo mismo. Y a vosotros os pasa igual; por circunstancias diversas, estáis aquí, en esta institución: unos como internos, otros para ayudaros». Es un tiempo, ha dicho el arzobispo, olvidándose de lo que el mundo exterior juzgue, «que tenemos que aprovechar para reconstruir nuestra existencia; es más, el Señor no nos deja solos para reconstruir nuestra vida, nos regala a su Santísima Madre».

María no nos abandona nunca

Además, le ha confiado que María «es una mujer que sale a nuestro encuentro, como hacen las madres. En una página del Evangelio, María, en el momento en que tiene la noticia y acepta ser madre de Dios, salió al camino, a buscarnos a nosotros. Es una mujer que no se guarda para sí. Sale, como hoy, a encontrarse con nosotros, porque no abandona nunca a nadie. Desde que el Señor en la cruz le dijo “Ahí tienes a tu hijo” –y estábamos todos nosotros–, no nos abandona nunca. Siempre está a nuestro lado». Vosotros sabéis que «para una madre, un hijo es el más guapo, el más listo, el más importante, disculpa y quiere siempre, y vosotros lo experimentáis en vuestra vida. Nuestra Madre, la Virgen María, no nos abandona; sale a nuestro encuentro».

Por ello, les ha animado a pensar en qué circunstancias reales les encuentra: «tendréis momentos de tristeza en vuestra vida, de alegría, de repensar por qué yo hice esto… y os invito a que descubráis que la Santísima Virgen María sale y está al lado de vosotros porque, desde el momento en que Ella recibió a Cristo en su vida y habitó en su vientre, salió a los caminos a encontrarse con los hombres». También ha alentado a todos a fijarse en la obra que hizo: «llegó a casa de Isabel, su prima, que era una anciana e iba a tener un hijo por obra y gracia de Dios, y sucedió que aquel niño que estaba en el vientre de Isabel, al presentarse María, salta de gozo, percibe la presencia de Dios. Y es que María nos hace percibir cosas bonitas. María se acerca a nuestra vida siempre, nunca nos pregunta qué hemos hecho, como buena madre, nos quiere y sale a nuestro camino».

El misterio del perdón

En tercer lugar, monseñor Osoro ha manifestado que María nos ayuda en momentos fundamentales de la vida. En el fondo, «nos viene a decir que, cuando hay dificultades en la vida, Ella se hace presente para que no estemos tristes, para que podamos celebrar la vida; se hace presente en nuestra propia existencia para decirnos lo que dijo en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga”. Y la alegría viene a nuestra vida ¿cómo? Yo no sé lo que os pasa a vosotros, pero os digo lo que me pasa a mí».

«A veces cuesta perdonar a la gente», ha revelado, mientras se sinceraba para confesar que a él también le interpela la cuestión del perdón: «a mí me pasa a veces, me cuesta, claro, y escucho a María –haz lo que Él te diga–. Y cuando uno mira a Jesús, el mismo que nos ha dicho “ahí tienes a tu madre” y le ve en la cruz y, junto a Él, a dos hombres que habían robado, matado, y uno de ellos increpaba al Señor, mientras que el otro de ellos le dijo “acuérdate de mí”. Y ya sabéis la respuesta de Jesús: “hoy estarás conmigo”».  Jesús, que estaba en la Cruz, «no se merecía estar ahí, porque era injusto; al fin y al cabo, los otros, según la costumbre y las leyes de entonces, habían cometido delito, pero percibieron algo especial en Jesús». Por eso, «la Virgen María nos dice “haced lo que Él os diga”. ¿Qué nos dice el Señor? Que perdonemos y que quitemos de nuestra vida lo que nos hace infelices. La palabra perdón es la más bonita de los cristianos. No existe en ninguna cultura, no existe más que en los cristianos».

En todo amar y servir

Antes de concluir la homilía, ha recordado la belleza del día que hoy celebramos: «es tiempo de reconstruir la vida, mirad que vuestra madre sale a vuestro encuentro, que es una mujer que nunca nos abandona, nunca. Nos dice la verdad, haced lo que Él os diga». Y lo que nos dice el Señor es que «queramos a la gente, perdonemos, amemos, sirvamos a los demás; que en todas las circunstancias de la vida podemos llegar a tener una libertad tan grande, porque nos enseñó el Señor a tenerla, que siendo Dios se hace hombre». A Él «también le detuvieron, estuvo encerrado, le dieron una paliza, y no se lo merecía. Y Jesús decía: “perdónales porque no saben lo que hacen”».

Vosotros, dadle la mano a María

«Demos la mano a la Virgen», a Ella, «que es respetada en todas las religiones, es querida, acogida… y algo tendrá nuestra Madre, que reconstruye todo cuando la ponemos a nuestro lado para decirnos que hagamos lo que Él nos diga».

En esta institución «se puede hacer posible que este mundo sea un mundo distinto, un mundo de hermanos; si os empeñáis en hacerlo, somos capaces de hacerlo». Y les ha asegurado que no podrán con sus fuerzas, sino «con las del Señor y, sobre todo, si dais la mano a la Santísima Virgen María».

El arzobispo, tomando la mano de la Virgen de la Merced que presidía la celebración, les ha señalado que «está con una parte sosteniendo a Jesús y, por otra, con la mano abierta, para que le demos nosotros la mano. Aprovechad esto, dadle la mano, aunque sea con la imaginación. Ahora, yo se la puedo dar a esta imagen; vosotros, dadle la mano».

Antes de continuar con la celebración, monseñor Osoro les ha señalado el camino del mismo Jesús que, cada día, les acompaña en sus celdas: «vamos a hacer lo que el Señor nos dice, Él se va hacer presente aquí, así que acojámoslo en nuestro corazón. Que el Señor y, especialmente, su Santísima Madre os acompañen y os hagan ver la grandeza de ser discípulos de Cristo».

Al concluir la celebración, el arzobispo de Madrid ha saludado, uno a uno, a todos los presos que deseaban poner en sus manos sacerdotales sus preocupaciones, confiarle la alegría del encuentro y encontrarse con él: con un padre, con un pastor y, sobre todo, con un hermano.

[fuente: Infomadrid / Carlos González]

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