ENCUENTRO DE LEÓN XIV
CON LA PASTORAL SOCIAL DE MADRID
– Vídeo. Ver también la entrada -de texto- sobre el mismo asunto: pulse aquí –
[autoría del vídeo: archidiócesis de Madrid]
[entrada publicada: 5.6.26]
Texto del vídeo
Madrid, una ciudad diversa y cambiante, una ciudad donde muchas personas ven cómo se cierran puertas y oportunidades, pero también es una ciudad donde la Iglesia se hace presente en medio de la vida. Parroquias, congregaciones, entidades sociales, movimientos, una red viva que acompaña, escucha y sostiene a quienes más lo necesitan. Porque la caridad no es sólo una acción, es una forma de vivir en comunidad.
Se abren puertas para las >mujeres que han perdido su red de apoyo y se ven solas. Mujeres extranjeras, mujeres solas al cuidado de sus hijos e hijas, mujeres heridas tras vivir violencia o trata. Mujeres que sufren una doble exclusión, por ser mujeres y por su situación de vulnerabilidad. Las familias monomarentales tienen una de las tasas de exclusión más elevadas de nuestra sociedad.
«Estoy agradecida con Dios y con la comunidad católica por esta oportunidad que me han brindado en este momento de fe, esperanza y apoyo».
Se abren puertas para quienes envejecen solos sin haberlo elegido. En la Comunidad de Madrid, el 25% de las personas mayores no elige estar sola, sufriendo consecuencias físicas y psicológicas. La soledad no deseada es un problema invisible, pero tiene respuesta.
«Antes solo esperaba que pasara el día.Ahora tengo compañeros, cariño, un hogar. Eso lo cambia todo.
«Llegaba tres días fuera, vagando sin saber dónde ir. Entré y me ofrecieron un café. Me preguntaban cómo me llamaba. Era la primera vez que tenía esa sensación después de tanto tiempo».
Se abren puertas para quienes viven en la calle. No hablamos solo de un techo, hablamos de un hogar. El sinhogarismo es un lastre social, un problema colectivo donde el sistema no garantiza el acceso a una vivienda digna. En los últimos dos años, el número de personas sin hogar acompañadas ha aumentado un 55% en Madrid.
Se abren puertas para quienes llegan buscando una vida mejor. Madrid es comunidad de acogida, pero la tasa de exclusión entre la población migrante se eleva al 45%, triplicando la de la población española.
«Nadie me ha preguntado qué papeles tenía ni de dónde venía, pero afortunadamente me estoy formando y voy a ser chévere».
Se abren puertas para niñas, niños y jóvenes que no siempre encuentran oportunidades, porque la pobreza se hereda. El código postal donde se nace condiciona muchas veces el futuro. El 27% de las personas menores de 18 años se encuentra en situación de exclusión.
«Cuando ves a un niño que llega y al principio está callado, cerrado, no te dice nada, tímido, y al tercer día vienes y te está esperando en la puerta y te cuenta, ya ves que esto ha merecido la pena».
Se abren puertas ante dos realidades que se alimentan mutuamente. Si hablamos de exclusión, su epicentro es la vivienda. El 23% de la población madrileña vive en exclusión residencial. Y trabajar ya no garantiza salir adelante. El 11% de los hogares sufre exclusión grave en el empleo.
«Llegué sin saber por dónde empezar. Me ayudaron a buscar piso y sobre todo a creer en que debo salir adelante».
Se abren puertas para quienes enfrentan dificultades de salud o atraviesan momentos de crisis familiar. El 6% de la población no puede permitirse una terapia psicológica. El 13% tiene dificultades para afrontar el gasto de medicinas. Y en la Comunidad de Madrid, 1,3 millones de personas viven algún grado de exclusión social.
«La verdad que una de las cosas más importantes que estoy aquí en el Centro de Día es que en la sociedad me juzgan y aquí no me juzgan».
Estas puertas se abren gracias al compromiso de miles de personas. Personas voluntarias, comunidades parroquiales, congregaciones religiosas, entidades sociales… Más de 90.000 personas voluntarias que suman voz, escucha y manos para acompañar. Porque no podemos hacerlo solos. Construir una sociedad justa no es tarea de unos pocos. Es un camino compartido de solidaridad, de políticas públicas, de acogida, de igualdad de oportunidades. Un camino donde todas las personas, sean quienes sean y vengan de donde vengan, tengan un lugar. Un camino que nos hace pueblo de Dios y comunidad de cohesión y amor.
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