Morir de Esperanza 2018. Eucaristía Comunidad Sant’Egidio

MIG 180624 Morir de Esperanza

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HOMILÍA DE DON JOSÉ COBO

Una Tarde de encuentro.

Querido Javier , Vicario de Acción Caritativa, Rufino, Delegado de Pastoral de Migraciones de nuestra Diócesis, queridos amigos sacerdotes, Comunidad de Sant’Egidio que nos invitáis a esta celebración, queridos amigos y amigas que venís de muchos sitios y los que sostenéis la celebración en esta casa, y a los más pequeños especialmente que están ahí muy atentos verdad?.

Sabéis que Dios pensaba en nosotros desde que estábamos en el seno materno, pensaba en cada uno de nosotros, porque cada uno de nosotros somos irrepetibles y llevamos en el ADN de nuestra alma una vocación escrita, un camino que es el que realmente nos hace felices, porque Dios ha querido necesitarnos para señalar sus caminos.

Y no sobra nadie, Dios cuenta con todos, por eso Dios se empeña en sembrar nuestra vida de luces, de huellas, de personas, que van indicando, y conduciendo por los caminos que podemos ir hacia él y hacía la felicidad.

Por eso Dios nos nombra, pero no nos nombra así directamente, Dios pone un nombre como hemos escuchado en el Evangelio, por medio del que nos ha nombrado, Dios nos llama y Dios además de nombrarnos, Dios cuida de nosotros por medio de los que pone a nuestro alrededor, y por medio de la gente con la que nos encontramos, y nos hace cuidadores los unos de los otros, y nos hace descubrir quienes somos, porque hay otros que nos cuidan, que nos nombran.

Crecemos gracias a los que nos nombran y se preguntan cómo lo que escuchábamos en el Evangelio “¿Qué va a ser de este niño?”.., ¿Qué va a ser de este joven, que va a ser de este adulto, qué va a ser de esta persona mayor?, ¿Qué va a ser? Hay gente que se lo pregunta y cuando se lo pregunta se moviliza. Cada vida humana desde el origen tiene el misterio y la dignidad que viene de Dios, por eso Dios nos pone a todos como responsables y cuidadores de toda vida humana en todo momento y sin adjetivos. Todos somos responsables de la vida de nuestros hermanos, y Dios se implica porque nos cuida por medio de los que habitan con nosotros.

La palabra de Dios nos pone delante del relato de un nacimiento de una vida que viene al mundo Juan, y lo hace para que nos retratemos todos y para que saque lo mejor de cada uno de nosotros, por eso yo os invito a que nos pongamos hoy todos los que estamos aquí delante del Bautista y reconozcamos primero que, como él, todos tenemos una vocación, Dios tiene un sueño sobre todo nosotros, y sobre todos nosotros en conjunto.

Dios tiene una intención que habrá que preguntarle ¿Señor cual es la intención que tienes sobre mí en este momento de la vida?, pero también si nos ponemos delante del Bautista inmediatamente vemos que él sabe señalar el camino por donde viene el Señor, sabe ver en medio de los desiertos de la vida, sabe decir ¡Cristo viene por ahí¡ y resulta que hoy el Señor necesita de gente, de Comunidades, de lugares que señalen a nuestro mundo y digan: ¡no os equivoquéis que Cristo viene por ahí! Que Dios no se desentiende de nosotros sino que trae su esperanza y su salvación para todos. Todos en Cristo somos señaladores de nuevos caminos en medio de un mundo lleno de confusiones, de mares inhóspitos, de lugares sin salida.

Pero Cristo sigue esperando, y sigue esperando para seguir resucitando y para hacer de este mundo el lugar del Reino de Dios ¡Y sigue llamando, sigue llamando!

Hoy somos como Juan, cada uno de nosotros, y como iglesia que camina en Madrid y como Comunidad que vivís aquí, somos señaladores de caminos por dónde viene el Señor y por eso hoy Dios nos reúne para presentar esta vocación y para atrevernos a señalar caminos nuevos, para mirar nuestro mundo y todos los sabemos está lleno de mares, de fronteras de desiertos que mucha gente no atina a ver el camino. Lo vemos en el mar de las ideologías, donde los problemas se afrontan desde cómo pensamos, si soy de derechas, si soy de izquierdas, y la realidad se distorsiona porque se mira desde las ideologías, y no desde los ojos de la gente, a poco que veamos, las migraciones pueden convertirse en un elemento de lucha entre partidos o de lucha electoral y no desde los derechos humanos y estos días lo vemos penosamente, pero tenemos el mundo y el mar complejo de tantos poderes que están en juego. Ante el tema de la migración vemos los poderes del norte de África que usan las migraciones como herramienta de presión política hacía Europa. O vemos a los poderes desde Europa que utilizan desde siglos la guerra, la mano de obra, la explotación económica, en definitiva un mar de poderes que tampoco atinamos a desglosar. Tenemos el mar de la globalización, donde todos nos apuntamos. Las fronteras se abren, transitan las mercancías, las materias, los capitales, cada vez hay menos cortapisa a los mercados, pero a las personas sí, a las personas sí se le pone fronteras, globalizamos el mercado pero no la responsabilidad, queremos vuestros cobaltos, vuestra mano de obra, vuestros turistas, perono vuestros pobres, no los aceptamos. En medio de este mar, no sé cual es el camino, pero lo cierto es que hoy podemos aprender del Bautista a descubrir por donde viene Dios, y aprender a mirar, necesitamos mirar en nuestra sociedad en medio de este mar de planteamientos de artículos, de opiniones, necesitamos mirar y para mirar hoy tendremos que ponernos en primer lugar a mirar a Cristo, el Bautista remite a Cristo igual que los padres del Bautista cuando tienen que nombrar le remiten a Dios, le preguntan a Dios cual es el nombre como nombrar esta situación. No podemos mirar el mundo desde nuestras conveniencias o nuestros gustos aunque estemos en Europa, tampoco podemos mirar nuestro mundo desde el poder político, ni siquiera desde los intereses mercantiles, ni siquiera desde lo mal que nos va… pero nos va mejor que a otros. No podemos mirar el mundo ahí, el mundo se mira desde los ojos de Cristo, esa es la misión que tenemos nosotros, cada vez que lo hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños conmigo lo hiciste, la mirada cristiana no puede ser desde otro lugar más que desde Cristo que se identifica realmente con los pobres, desde los últimos, desde los que no nacen, desde los que mueren buscando lo mínimo para vivir. Esa es la mirada legítima para el cristiano, esa es la experiencia que hoy traemos aquí, y no solo los más pobres de nuestro alrededor, cuando decimos pobres no es solo los que tengo al lado, curiosamente cada día que pasa encontramos a alguien más pobre cada vez que sucede algo encontramos a alguien más ultimo y resulta que Cristo siempre se pone con el último del último y desde ahí es donde podremos tomar partido. con esta mirada señalaremos el camino del Señor pero miramos desde Cristo y hoy también tenemos otro ángulo, hoy nos habéis invitado a mirar desde de la Eucaristía, La Comunidad de Sant’Egidio nos convoca no a unas jornadas, ni a una mesa redonda, ni a una manifestación, nos pone ante la Eucaristía como lugar para discernir caminos y para celebrar caminos, buscamos nuevos caminos desde la celebración de la Eucaristía en medio de una acción de gracias, lugar del memorial activo y presente de Cristo, ¡qué difícil es una acción de gracias, cuando lo que se presenta esta tarde es el sufrimiento y la muerte injusta de personas jóvenes en la mayoría de los caos, con el grito ahogado de unas olas porque simplemente huyen de la pobreza y de la muerte, escuchamos su voz que en medio del mar dicen ¡no quiero matar o que maten a mis hijos y por eso me embarco!. No quiero morir o aquella voz que dice: prefiero atravesar un mar de muerte por buscar un resquicio de esperanza que quedarme en mi país y con el agravante que lo que buscan es lo que buscamos todos, es una vida mejor, es algo que buscamos todos nosotros ¿es posible la acción de gracias ante tanta tragedia?, pues sí es posible, porque la Eucaristía nos dice que la Acción de Gracias no es por la insensatez del mundo sino por la memoria del Resucitado.

Y la memoria es una celebración como ésta. Esta tarde celebramos el memorial del Resucitado, celebramos que Jesús resucita, que llama y que convoca. Celebramos que Jesús saca de nosotros la memoria. La Eucaristía nos recupera a Cristo Resucitado y nos da caminos nuevos.

El primer camino que nos da esta tarde es el camino de la memoria de las víctimas, la Eucaristía tiene ese don. Nuestra fe dice que los difuntos quedan en nuestro corazón, pero hay más, nuestra fe lo que dice es que podemos entrar en comunión con ellos porque se los presentamos a Dios, como cuando cerramos los ojos y hacemos un momento de silencio interior y podemos experimentar la comunión con los nuestros con nuestra madre, con nuestro padre, con nuestros familiares, hoy aprendemos a mirar a cada nombre de los muertos por huir, La Eucaristía nos lleva a ese milagro. Dios nos dice que cada nombre de los que se han quedado por el camino des importante, que no sobra nadie, que ninguna muerte es inútil, y que Dios cuenta con cada uno de los que estamos aquí.

No son un número, hermanos, no son un riesgo, no son un problema, son nombres concretos, con una familia, con sus sueños rotos a cuestas, náufragos de la pobreza del mundo, gracias a la cual vivimos muchos de nosotros. En ellos podemos entrar en comunión, porque sentimos que buscan lo que nosotros, y han buscado lo que nosotros vivir, vivir y en eso todos entendemos ¿verdad?, en esa experiencia podemos integrarnos.

No sé de políticas, pero sé que la otra noche cenando con unas religiosas, estábamos hablando del problema de las migraciones, vino Mirabel que venía de Nigeria, acababa de llegar a Madrid, y la acogieron en su casa, venia con un niño de 3 años. Lo único que nos contó que después de 20 horas en una patera, la patera zozobró, se cayeron casi todos, entumecida porque después de estar veintitantas horas sentadas los pies no te responden, creía que moría, lo único que se imaginó fue coger al niño y echarlo encima de otro para que lo cogiera, gracias a Dios ella fue rescatada y ahora está en Madrid.

No sé mucho, pero sé que Mirabel no merecía la muerte, y sé que su hijo tampoco y sé que tiene nombre y esa es la mirada de la Eucaristía, la que nos llama a rescatar el nombre de las víctimas y de tantos que no han tenido la suerte de Mirabel.

Y en segundo lugar la Eucaristía nos rescata el camino de la memoria de las palabras, si hoy es un día para recordar las palabras, las palabras que vamos a proclamar en la celebración, las palabras que nos regala la iglesia a lo largo de la historia, fijaos que palabras: El fenómeno de las migraciones con su compleja problemática interpelan hoy más que nunca a la Comunidad internacional y a todos y cada uno de los estados, estos tienden a intervenir con el endurecimiento de las leyes sobre los inmigrantes y el fortalecimiento del control de las fronteras y las migraciones pierden así la dimensión de desarrollo económico, social y cultural que poseen históricamente, en efecto se habla cada vez menos de la situación de emigrantes en los lugares de procedencia y cada vez mas de inmigrante haciendo referencia a los problemas que crean en los países donde se establecen.

¿Os parece actual, verdad?, es de 1996 de San Juan Pablo II, y desde ahí la reflexión de la iglesia. Traemos aquí la reflexión que hacéis y que hacen tantos, la memoria de las palabras que nos ponen la Eucaristía. Si traemos la memoria de las víctimas, la de las palabras, traemos el memorial de la Eucaristía Jesucristo presente entre nosotros, hoy nos congrega el altar y la palabra, y la Eucaristía nos abre caminos, nos interpela para escuchar a los que murieron y que nos dicen Cristo acoge sus vidas y nos llama a todos nosotros a ser agentes de Resurrección.

Recordar el nombre de los difuntos que han muerto buscando la Esperanza, nos lleva a incorporar al número de todos aquellos que habiendo lavado sus vestidos en la sangre del cordero como los mártires de los primeros siglos de la iglesia, se convierten en semillas del reino y de un mundo mejor.

Que su recuerdo sea un impulso no solo para lamentarnos, sino para luchar por la justicia, para luchar por los hermanos de sus países de origen, y así llevarnos a la Comunión con el señor de la vida. Recordar el nombre de estos difuntos es asumir el compromiso de que las Parroquias, las Comunidades, los lugares de iglesia sean un espacio donde ejercer el derecho de ser acogido, no es una opción. Es un derecho que como cristianos tenemos que dar, no es una posibilidad, es el derecho que tienen, es la acción que nos sugiere el Papa Francisco de Acoger, Proteger, Promover e Integrar, es un mandato del Evangelio, no es una opción, por eso el Papa Francisco nos ofrece un camino concreto, no solo acoger, sino el dar respuestas globales, llama a todos, como hace poco nos reunimos con distintos organismos a todos los que les mueva la humanidad a sumarse a un proyecto de la ONU para concretar un pacto mundial sobre la situación de los refugiados y sobre la migración segura y global. La iglesia de Madrid se une a estos pactos y lanza una propuesta de 20 puntos de acción que os invito a conocer, a leer y a difundir allí donde estéis.

Queridos amigos la Eucaristía es memorial de Cristo, Tomad y Comed, la Eucaristía nos pone muchos pies que lavar, muchas imágenes. La Eucaristía nos sitúa a Cristo lavando los pies, y nos pone a nosotros ahí. Por encima de ideologías están los pies del inmigrante, y son una llamada a abrir caminos en medio de estos mares, a crear opinión distinto y a mirar de una forma nueva, son una llamada a luchar en nombre de Cristo por crear corredores humanitarios que salven vidas, son una llamada para luchar para que las familias sean agrupadas, pues no hay hijos de primera e hijos de segunda y de tercera. Son una llamada para empujar que los centros de internamiento no sean cárceles para los que no han cometido mí un delito. Son una llamada para evitar las devoluciones sumarias incumpliendo los acuerdos y los cupos pactados. Son una llamada a unirnos a toda la sociedad civil que está despertando y que quiere que abramos, en concreto en nuestro Madrid, nuevos caminos que llegan.

Queridos hermanos todos somos nombrados hoy, igual que Juan el bautista, Dios nos nombra a través de nuestros hermanos, nombrados por Dios o por alguien que ha celebrado la Eucaristía en algún lugar de conflicto o de pobreza y que ha pedido a Dios: Señor necesito un camino, y lo ha pedido en la Eucaristía.

Y hoy estamos aquí nosotros, uniéndonos y comulgando con aquellos que piden esperanza, que piden una vida digna como nosotros, y poniendo nuestro corazón en la voluntad del Señor. Todos estamos en el corazón del Señor, las víctimas las primeras. Dios pensaba en ti desde el seno materno, pensaba en cada uno de nosotros, pensaba en nosotros para abrir caminos de esperanza. Preparad el camino al Señor, señalad por donde llega, porque todos tenemos un lugar.

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