XXXI Jornadas Generales de Pastoral del Trabajo
“LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO OBRERO EN UN CAMBIO DE ÉPOCA”
[Tomado de Noticias Obreras (Abraham Canales, José Luis Palacios) aquí, y aquí, y aquí, y aquí, y aquí]
[Ver también a Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo para Alfa y Omega aquí.]
La Iglesia afronta el desafío de anunciar el “Evangelio del trabajo” en un tiempo de precariedad y polarización
Del 21 al 23 de noviembre la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha reunido a 129 personas entre delegados y delegadas diocesanas de la pastoral del trabajo de 32 diócesis, y movimientos eclesiales implicados en el mundo del trabajo en las XXXI Jornadas Generales de Pastoral del Trabajo, con el lema “La evangelización del mundo obrero en un cambio de época” (pulsa aquí para ver el programa). La dinámica ha buscado un clima de escucha, lectura creyente de la realidad y búsqueda comunitaria de respuestas pastorales ante los desafíos del mundo del trabajo. Todo apoyado en la llamada formulada por el documento “La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia”: (pulsa aquí para descargarlo).
Abilio Martínez: “Evangelizar también es transformar la realidad”
El obispo de Ciudad Real y responsable de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española, Abilio Martínez Varea, abrió las jornadas animando a encontrar nuevas maneras de seguir anunciado a Jesucristo en el mundo obrero.
Evangelizar también significa “impulsar las transformaciones necesarias para que todas las personas puedan vivir una vida plena”, indicó, insistiendo en que el trabajo, que informa y conforma la vida de las personas, necesita también ser humanizado desde los valores de Jesucristo.
Así, ha recordado que el documento “La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia”, de noviembre del 94, ya planteaba que la acción evangelizadora ha de llevarse a cabo “desde dentro de ese mundo”. Por eso, «sigue siendo necesario anunciar a Jesucristo, allí donde están las personas trabajando e iluminar la realidad desde los valores del Evangelio”.
El director del Departamento de Pastoral del Trabajo, Antonio Aranda López,tras informar de las nuevas incorporaciones a la Pastoral del Trabajo, como la de las diócesis de Menorca, Pamplona y Santiago de Compostela, ha dado paso a un vídeo sobre el último encuentro de Movimientos Mundiales Populares en el Vaticano, en reconocimiento de los esfuerzos colectivos por acuerpar la esperanza para quienes son privados de tierra, techo y trabajo.
“Es bueno hacer una parada, respirar y volver a mirar con detenimiento esta realidad en la que se van produciendo cambios, y abordarlos con cierta perspectiva”, ha reconocido Aranda, quien ha señalado las migraciones y el cambio tecnológico como tendencias que están transformando las relaciones laborales y la vida de la población trabajadora. También ha invitado a tener presente los cambios significativos que se han dado y se están dando en la Iglesia y en la propia realidad de la Pastoral del Trabajo, como son el estilo sinodal y la coordinación transversal de la misión comunitaria. Sin olvidar que en los ambientes del trabajo y lugares de precariedad se está modelando la “sociedad del desasosiego”, dice el último informe FOESSA.
La Pastoral del Trabajo afronta el reto de reconstruir vínculos y sanar la precariedad
Estrella Moreno, directora del Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao, Estrella Moreno, incitó a “dar respuestas nuevas a realidades nuevas”, sobre todo en la generación “milenial” -personas que, actualmente, tienen entre 28 y 45 años -, donde hay que identificar las novedades que trae este cambio de época que inauguramos en medio de grandes incertidumbres. Hay que coger las preguntas esenciales: “¿qué mundo obrero? ¿qué Iglesia?”, para situarnos ante el desafío pastoral de discernir la misión de la Iglesia en un escenario de profundas transformaciones laborales, culturales y sociales.
La generación mejor formada de la historia ha atravesado ya dos grandes crisis económicas -la financiera de 2008 y la de la COVID-19-, que ha condicionado su acceso al mercado de trabajo, pero también su presencia en el escenario social. Tienen la sensación de que el contrato social no funciona y que la sociedad les ha fallado. Han interiorizado el credo neoliberal y los valores de la meritocracia, pero sin lograr la recompensa prometida. En cambio, encuentran empleos volátiles, mal remunerados, y en la mayoría de los casos, sin mucho sentido social, que nos les asegura contar con una vivienda en propiedad, ni mucho menos formar familias.
Tampoco se sienten reconocidos por las instituciones públicas, por lo que desconfían incluso de las iniciativas bienintencionadas, lo que aumenta su repliegue individual y la búsqueda de experiencias gratificantes que pueden incluir su entorno. Muchas personas jóvenes, o adultos jóvenes, experimentan una fatiga existencial agravada por la aceleración vital con la que tratan de maximizar su tiempo personal para lograr el triunfo y convertirse en un ideal de máximos inalcanzable, incluso en sus facetas más íntimas, como madres o padres.
No obstante, las generaciones más jóvenes muestran también una gran sensibilidad medioambiental, valoran los avances hacia la igualdad entre hombres y mujeres, aprecian el papel de la familia y los vínculos cercanos, mostrando gran tolerancia y reconocimiento hacia la diversidad, el pluralismo y la libertad.
Moreno ha evitado proyectar un juicio moral, mucho menos, suscitar un reproche intergeneracional. En cambio, ha invitado a descubrir las oportunidades y llamadas que estas realidades abren en la misión eclesial de anunciar a Jesucristo y su mensaje de liberación, especialmente, entre la población trabajadora y las personas descartadas y precarizadas. Para ella, además de releer la realidad para comprender las grandes tendencias de fondo en curso, hay que ensayar nuevos modos de acompañamiento mutuo en la búsqueda compartida de un horizonte con sentido.
Hay que entender que la misión de la Iglesia concierne a todo el Pueblo de Dios, y comprender la evangelización no solo como anuncio del mensaje de Jesús, sino también como un empeño por transformar la realidad y edificar el reino de Dios, por ofrecer el testimonio auténtico del seguimiento cristiano con humildad y abrir cauces para la incorporación a la comunidad cristiana. “Hacen falta respuestas nuevas, articuladas con la realidad”, y preguntarse constantemente “si vale lo de siempre”, y “no tener miedo a la novedad, a probar caminos nuevos y a equivocarse y volver a empezar”. Desde hay, se necesitan “pequeñas comunidades misioneras, en salida, samaritanas y acogedoras”, a partir del reconocimiento de la “vulnerabilidad compartida” y el valor de la “pluralidad”, especialmente cercanas en las situaciones de exclusión y sufrimiento.
La acción pastoral de la Iglesia en el mundo del trabajo y ambientes precarios pasa, según la ponente, por reconstruir los vínculos sociales, caminar hacia iniciativas transparentes y auténticas, capaces de generar espacios de acompañamiento, de escucha y de acogida, para sanar y restaurar la dignidad herida por la precariedad.
La pastoral del trabajo abre un proceso de reflexión ante el “cambio de época” y presenta una radiografía de su situación diocesana
La tarde del sábado, Antonio Aranda, director del departamento episcopal, afirmó que es necesario “volver a mirar con detenimiento esta realidad” para renovar la acción evangelizadora en el mundo obrero: “es el momento de pararnos detenidamente a reflexionar” sobre los grandes cambios que afectan a la vida laboral y a la propia Iglesia. La irrupción de nuevas tecnologías, la expansión de la economía de plataformas, el impacto de la inteligencia artificial, la precariedad creciente, la movilidad humana y la mutación del tejido productivo obligan a replantear las claves pastorales. “¿Cómo anunciar a Jesucristo en el mundo obrero?”.
En la respuesta se combinan varios instrumentos: un grupo de reflexión integrado “por personas con una larga trayectoria” en esta pastoral, la encuesta a las diócesis, un seminario específico con los movimientos obreros cristianos y la contribución teológica de Estrella Moreno. Aranda insistió en que la orientación será claramente sinodal: “Estamos empezando este camino que no sabemos exactamente a dónde nos llevará”, destacó, invitando a una participación amplia de delegaciones, movimientos y agentes pastorales.
Una radiografía que revela avances y desafíos
La presentación de las aportaciones a un cuestionario de trabajo permitió acercarse a la situación real de esta pastoral.
- El 76% de las personas con nombramiento son laicos, aunque solo un 29% mujeres, lo que muestra que “queda camino por recorrer”.
- El 62% de las delegaciones se reúne con su obispo al menos una vez al año, aunque persisten desigualdades en esta relación. El informe confirma la fuerte transversalidad con Migraciones, Cáritas, CONFER y Ecología Integral, así como la amplia implantación de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), presente en el 87% de las diócesis que respondieron. Sin embargo, la presencia en parroquias sigue siendo limitada: solo existen 29 EPPO en el conjunto del país.
- Entre los destinatarios prioritarios destacan trabajadores precarios, migrantes, empleadas de hogar y víctimas de siniestralidad laboral. La relación con sindicatos es habitual en la mayoría de delegaciones, que consideran imprescindible “tender puentes entre la Iglesia y el mundo del trabajo”.
- Las debilidades más señaladas son el envejecimiento de los equipos, la falta de relevo y la escasa presencia parroquial; entre las fortalezas, la “fuerte convicción”, la espiritualidad encarnada y el trabajo compartido con ITD.
Tras la exposición de la síntesis, se abrió un diálogo sobre las interpelaciones que la realidad del mundo obrero plantea hoy a la Iglesia.
Aranda no esconde el realismo del análisis: el mundo obrero está marcado por “una sociedad increyente, una gran polarización política, una falta profunda de diálogo, el aumento de trabajadores pobres, una brecha cada vez más amplia entre pobres y ricos, la precariedad laboral que cambia de rostro pero que no desaparece”, a lo que se suman los desafíos de los trabajadores migrantes, mujeres y jóvenes, la plaga de siniestralidad laboral, el desempleo estructural, la desvinculación laboral creciente y las dificultades para la conciliación y la vida familiar.
Pero también reconoce luces: una sociedad más formada, mayor sensibilidad hacia el cuidado, diversidad creciente y nuevos modos de compartir responsabilidades. “Esta realidad es a la que estamos llamados a llevar el ‘Evangelio del Trabajo’, un tesoro en vasijas de barro”, subraya.
Retos y líneas de acción para la pastoral en las comunidades parroquiales
El domingo, la expresidenta de la HOAC, Maru Megina, ha presentado en las jornadas de pastoral del trabajo una propuesta de fondo para que las comunidades parroquiales vivan esta pastoral como un rasgo estructural y esencial de su misión
Megina ha expuesto una mirada sobre los “retos y tareas” que afronta la pastoral del trabajo en las parroquias, una de las debilidades detectadas en la radiografía de esta pastoral. La militante hoacista ha recordado que el documento episcopal La Pastoral Obrera de toda la Iglesia, invita a promover una parroquia “cercana y solidaria”. Ha subrayado que este objetivo aún no está plenamente logrado. La pastoral del trabajo, dijo, debe convertirse en una presencia habitual en la vida parroquial, y no en una realidad aislada o reservada a ámbitos especializados.
Esta inserción planea un primer paso: profundizar en el significado de pertenecer a una comunidad parroquial. “La parroquia es celebración de la fe, experiencia de comunión, conocimiento mutuo y espacio de aprendizaje. Pero también es vínculo con la vida real del barrio, con sus problemáticas personales, familiares y laborales”, ha insistido.
Comunión: superar compartimentos y escuchar las periferias
Megina ha desarrollado su exposición en tres claves: comunión, participación y misión. En la primera ha subrayado la urgencia de superar los compartimentos estancos y recrear la sinodalidad en el día a día. En este sentido, ha recordado la carta del papa Francisco a los párrocos de 2024, cuando afirma que las comunidades deben ser lugares “desde los cuales los bautizados parten como discípulos misioneros y adonde regresan […] para compartir las maravillas obradas por el Señor”.
Ha destacado que las periferias existenciales del territorio (migrantes, familias empobrecidas, jóvenes sin oportunidades, trabajadores precarizados) deben ocupar un lugar central en la vida parroquial. “Hacer de las parroquias un lugar de acogida donde las personas encuentren diálogo y escucha desde sus situaciones de vida”, ha dicho. También ha pedido que se asuma sin miedo la convivencia con otras confesiones y sensibilidades, gestionando la diversidad como una riqueza pastoral.
Participación: pasar de la presencia a la corresponsabilidad
El segundo eje estuvo centrado en la participación. Megina ha reclamado a los movimientos obreros cristianos una presencia estable, humilde y creíble en las parroquias. “Dedicar tiempo de presencia para ser creíbles, tejer lazos con los distintos grupos”, ha señalado, subrayando la necesidad de ganar confianza en comunidades donde el mundo del trabajo no siempre se percibe como un tema pastoral.
Entre las tareas propuestas destacó la organización de asambleas parroquiales participativas, consejos pastorales activos donde el laicado ejerza corresponsabilidad real y la atención permanente a la vida del barrio: siniestralidad laboral, conflictos, deterioro de servicios públicos, fechas clave del mundo del trabajo. La pastoral del trabajo debe actuar como “despertador de la comunidad”, defendió para “ir transitando desde una pastoral para a una pastoral con el mundo del trabajo”.
Misión: parroquias al servicio de la vida obrera
El tercer bloque estuvo dedicado a la misión, citando otro pasaje de la carta del papa Francisco: las parroquias han de organizarse “al servicio de la misión que los fieles llevan adelante en la vida familiar y laboral”. Esto implica dejar de centrarse exclusivamente en las actividades internas y abrirse al territorio. Megina ha pedido acercarse a mujeres, jóvenes y personas migrantes, escuchando sus experiencias y haciendo que “se sientan protagonistas de su propia promoción”. También ha reclamado crear entornos de acogida para las personas migradas, impulsar la dimensión sociopolítica de la fe y fomentar una espiritualidad nacida del trabajo y del barrio.
Además ha reivindicado una comunicación eclesial clara y profética, capaz de denunciar aquello que vulnera la dignidad humana: “Aprender a comunicar desde el Evangelio con gestos claros”, ha dicho. Finalmente, ha propuesto la creación y dinamización de Equipos Parroquiales de Pastoral Obrera, concebidos como espacios para animar la misión en las periferias laborales de cada comunidad.
COMUNICADO FINAL:
Galería de fotos (José Luis Palacios): https://photos.app.goo.gl/6xXwgsEL4Lw1HRGWA
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