José Luis Segovia Bernabé.'Josito'.

José L. Segovia: POR LA VIDA Y POR UN CRISTIANISMO INTEGRAL

Jornada por la Vida – 25 de marzo de 2023
POR LA VIDA Y POR UN CRISTIANISMO INTEGRAL
– José Luis Segovia Bernabé –
(Vicario episcopal para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación)

=== I ===

José Luis Segovia Bernabé. "POR LA VIDA Y POR UN CRISTIANISMO INTEGRAL".

Cuestionar la vida es un atentado contra la paz, titulaba el Cardenal Osoro su carta semanal de 22.02.23 [descarga en este enlace]. En ella señalaba que la paz se ve amenazada por los conflictos bélicos y la violencia, pero también por el hambre, la no acogida del otro y la idea, traducida en leyes, de que somos dueños de la vida.

El cristianismo siempre ha tenido un carácter contracultural y profético. El martirio y la “via caritatis” han sido los modos más habituales de los que se ha servido el Espíritu para mostrar con elocuencia las convicciones más arraigadas de nuestra fe. Los dos tienen en común una inequívoca provocación. Pero su incisiva interpelación no invita a cavar trincheras, ni a provocar confrontación, ni son el cornetín que convoque a la batalla. Tampoco pretenden estigmatizar al adversario. Bien al contrario, mediante el perdón en el primer caso y un amor sin fisuras en el segundo, muestran la carga de profundidad de las verdades que testimonian, mientras convidan seductoramente a un proyecto ilusionante de vida que no deja a nadie a la intemperie.

Aterrizo más. A propósito de algunas leyes recientes, constatamos una peligrosa deriva cultural: el aborto, inicialmente considerado como un mal en sí, pasó a ser tratado como un mal inevitable en ciertos plazos y supuestos; ahora pretende configurarse como un derecho, como un bien a expandir. Se trata de una infeliz confusión. Los derechos son los más sublimes satisfactores institucionalizados de las necesidades humanas. Satisfacen, defienden, dan voz, incorporan, protegen, aseguran, incluyen y procuran cuidados; no asfixian, ni violentan, ni silencian definitivamente, ni excluyen, ni “interrumpen”. Todo sea dicho desde el respeto inmenso que suscita la situación angustiosa de muchas mujeres, las terribles circunstancias que les conducen a la toma de trágicas decisiones, ahora más precipitadas, y los legítimos debates sobre la mejor técnica jurídica para abordar el fenómeno. En todo caso, el aborto, lejos de ser prevenido con un sistema social más justo, protector de la familia, integrador y equitativo, acaba precipitando a bastantes mujeres a la exclusión social y a la más literal inexistencia, sobre todo si son extranjeras en situación administrativa irregular. Paradójicamente, se les niegan otros derechos pero se les procura un fluido y aséptico acceso a la “interrupción del embarazo”.

Lo peor es la banalización de la vida humana, la trivialización de un acto cruel de violencia mortal, y una innegable y encubierta mercantilización, salvajemente capitalista, de la existencia. Y ello, por más que defiendan el aborto unos que supuestamente se oponen a ese modelo, pero no son capaces de ofrecer más justicia y menos dualización social; y otros que sacralizan la libertad individual (“libertad frente a la coacción”), pero se desentienden de la “libertad frente a la miseria”. Mientras, por el camino, se deja caer al descuido el derecho a la objeción de conciencia.

Entrando en mayores concreciones, desde un plano formal, no puede pasarse por alto la muy deficiente técnica legislativa que viene aplicándose con demasiada frecuencia. Sin juzgar intenciones ni personas, a veces se producen incompetentes improvisaciones, que no tiene en cuenta la totalidad del ordenamiento jurídico penal y el irreparable efecto dominó que produce cualquier reforma cuyas consecuencias -encima- se tratan de endosar a los jueces. Además, cada vez es más frecuente que el Gobierno obvie las consultas preceptivas a los órganos especializados que deben informar. Súmese la ya arraigada costumbre de legislar por decreto-ley. Todo ello compromete algo muy serio: dejan maltrecho el principio de participación que es la base ética de la democracia y comprometida la separación de poderes, base del Estado de Derecho. Traducido al román paladino: las personas no somos borregos y el poder cuanto más concentrado se encuentre, más tiende a la corrupción. Si a ello se suma la utilización de atajos y subterfugios legales que no es aquí cuestión de desarrollar, da la impresión de que las leyes no tienen como vocación el bien común, las demandas de la sociedad y la defensa de los derechos de las personas más vulnerables, sino la resonancia de intereses muy localizados.

=== II ===

José Luis Segovia Bernabé. "POR LA VIDA Y POR UN CRISTIANISMO INTEGRAL".

En cuanto al fondo, convertir un acto de violencia, que deja secuelas irreparables y quiebra definitivamente un proceso de desarrollo vital, en un derecho y, aún más, naturalizarlo socialmente, hace que no sea infrecuente escuchar a jóvenes decir “me lo quito”, como quien cauteriza una verruga.  Cierto que hay que proteger a la madre para salvar a su criatura. Y para ello, en muchos casos, además de superar una contagiosa cultura utilitarista, burguesa y liberal, son precisas medidas que combatan la feminización de la pobreza, apoyen a las familias con hijos a cargo y generen recursos suficientes (y, claro, derechos en el caso de las migrantes) para que puedan salir adelante. Desastres como la deficiente implantación del Ingreso Mínimo Vital (IMV), la brecha digital de unas administraciones cada vez más impersonales y alejadas de los ciudadanos (igualito que los bancos y las grandes compañías), la dificultad extrema para conseguir citas para pedir asilo al Ministerio del Interior, limitaciones prácticas en la atención sanitaria dependiente de la Comunidad de Madrid, el empadronamiento o la escasez de recursos sociales municipales que se acaban desentendiendo y derivando a Cáritas diocesana son ya demasiado frecuentes y afectan a todos los colores políticos, cada vez más estérilmente confrontados.

Volviendo a cuestiones vertebrales: las personas somos naturaleza e historia (los creyentes añadimos la dimensión trascendente, evocando el celebérrimo libro de Zubiri) En algunos momentos hemos sacralizado en demasía la naturaleza y hemos llegado (incluso algún Papa lo hizo en el siglo XIX) a naturalizar la pobreza, obviando la historia: del mismo modo que había altos y bajos, era “natural” que hubiese pobres y ricos. Estas desviaciones, debidas a un uso selectivo del concepto de lo natural que actuaba como legitimador del orden injusto, fueron advertidas por Benedicto XVI como contrarias a la razón. Pero, además de naturaleza, somos historia, somos contexto circunstanciado. El riesgo es pasar de un extremo al otro. En nuestros días podemos olvidarnos completamente de la naturaleza, incluso deconstruirla, aunque formalmente se milite en el ecologismo (ciertamente no integral, a lo Laudato si, por cierto). Y también podemos hacer un uso selectivo de la historia, que es siempre obra compleja de todos, mientras deificamos los deseos y la voluntad del sujeto, elevada a unos extremos que ni el liberalismo más clásico podría haber imaginado. Así, saltamos de la secuencia legitima y éticamente impecable necesidades-derechos, a la disfuncional de deseos-derechos. Obviamos que las necesidades son limitadas, objetivas y universales en el espacio y el tiempo y se protegen con los derechos de primera, segunda y tercera generación. Y que los deseos son infinitos, subjetivos, particulares, tienden a confundirse con los intereses y, desde luego, no deben dar pie a generar derechos.

En este contexto complejo y repleto de incertidumbre es preciso volver al cristianismo primitivo y a su Evangelio sin glosa. Es necesario desideologizar la fe y cultivar la experiencia del Dios que nos abraza como el Padre Misericordioso que convoca a los de casa, a los que la abandonaron y a los que están fuera (cf. Carta pastoral 2023 del Cardenal Osoro, A la misión: retornar a la alegría del Evangelio [descarga en este enlace]). Las ideologías son cartografías vitales, hasta cierto punto inevitables, hijas de la biografía y de la bibliografía que cada cual utiliza.  Centrarnos en lo esencial y superar polarizaciones seguramente pase por abandonar un modelo “fordiano” de la vivencia de la fe. Se caracteriza por un exceso de compartimentalizaciones (qué palabro) que acaban por hacernos perder la perspectiva de lo esencial, perdiéndonos en infinidad de detalles de desigual importancia. Los primeros hombres y mujeres que seguían a Cristo vivían su fe sin fisuras, lo hacían en las calles y las plazas, en casa y en el trabajo. Todos se sentían concernidos, sin “especialidades”, por el anuncio explícito del evangelio, la transmisión de la fe a los catecúmenos, la práctica de las obras de misericordia, el testimonio de vida, la vida sacramental y la oración. Además, procuraron no olvidar la llave del éxito de toda evangelización: “ser uno para que el mundo crea”. Y cuando se olvidaban, solía venir la debacle…

=== III ===

José Luis Segovia Bernabé. "POR LA VIDA Y POR UN CRISTIANISMO INTEGRAL".

No es buena cosa que los cristianos antepongamos inevitables y subjetivas simpatías ideológicas para separarnos entre cristianos pro-vida y cristianos pro-justicia social. ¡Como si se pudieran escindir ambas dimensiones! Bien al contrario, porque somos cristianos pro- vida y nos comprometemos con su defensa, queremos que esa misma vida sea viable en el útero materno y fuera de él. Y por eso nos empeñamos en que, antes y después del parto, la criatura encuentre un entorno efectivo de oportunidades y derechos que, con su concurso, responsabilidad y deberes, le permita satisfacer plenamente sus necesidades y vivir con la dignidad que la filiación divina otorga. Sin embargo, se considera el aborto como un derecho mientras se niega la regularización de migrantes con arraigo entre nosotros (a pesar de que se tramita una iniciativa legislativa popular con bastantes más de las 500.000 firmas exigidas); se sacraliza la libre autodeterminación de género mientras se somete a las personas desplazadas a plazos diletantes para  citas que les reconozcan simplemente que existen,  se multiplican  las dificultades para empadronarse, se producen trabas formales o informales para el acceso a la atención sanitaria incluso a mujeres embarazadas, por no hablar del derecho al acceso a una vivienda digna tan olvidado por los poderes públicos, etc.,etc. Todo este contradictorio panorama acaba afectando a las tres administraciones. Ciertamente de distintos colores, pero con muy escasa sensibilidad práctica para lo uno (la vida) y para lo otro (la justicia social).

Como quiera que parte significativa de la población tiene que votar tapándose en algún momento la nariz, bueno será que los cristianos no reproduzcamos las polarizaciones que se dan en la vida política y no caigamos en las mismas trampas. Sabemos que ningún programa político realiza el Reino de Dios y que éste funciona como reserva absoluta de verdad. También sabemos que en la Iglesia “todo lo que va dentro del cauce es rio”, y que, ante los grandes desafíos, caben estrategias divergentes. Pero nada nos dispensa a todos de poner en acto y hacer patentes nuestras convicciones, presentando un cristianismo integral y salvaguardando la comunión y la fraternidad.

Cuando en la Iglesia bajamos el diapasón en temas que reclaman una adecuada iluminación, se apoderan del relato los extremos. Para combatir ese riesgo y con la pretensión de ofertar un cristianismo integral que aúne bioética y moral social, los obispos españoles han redactado El Dios fiel mantiene su alianza (Dt 7,9) [descarga en este enlace]. El documento toma nota de que, después de haber metido tanto la pata en la casa propia (abusos sexuales) y encima en cuestiones de moral, la Iglesia no puede presentarse a la sociedad pontificando. Por eso, apuesta con humildad por un formato de “instrumento de trabajo pastoral” como el mejor modo de “aportar una contribución que estimule la reflexión y el diálogo sobre asuntos de especial importancia”.

Concluyo sugiriendo una “directriz para la acción”. Os invitamos desde la Vicaria para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación a sumarnos el 25 de marzo -Solemnidad de la Anunciación del Señor-, a la Jornada por la Vida, a las 17:30, a la eucaristía -presidida por nuestro obispo Don Carlos- que organiza la Delegación de Laicos, Familia y Vida junto con la Delegación de Infancia y Juventud de nuestra archidiócesis en la Colegiata de San Isidro (C/ Toledo, 37): Contigo Siempre por la Vida.

José Luis Segovia Bernabé
Vicario episcopal para el Desarrollo Humano Integral y la Innovación

5 comentarios

    1. Don Jesús, hemos borrado su larguísimo comentario porque hace 5 días usted lo publicó en otra entrada. No podemos aceptar que un mismo comentario loo vaya repitiendo su autor en distintas entradas, más cuando -como en el caso presente- el comentario no tiene nada que ver con la entrada.

      1. Perdón, no conocía la norma. Lo puse aquí, por esta frase «El cristianismo siempre ha tenido un carácter contracultural y profético» que se lee en el segundo parrafo

  1. Los comentarios de Josito , nunca defraudan , siempre acertados y ponderados ; entre la línea del Evangelio y sus grandes valores y la leyes humanas no siempre al servicio y soluciones de los problemas de los hombres y mujeres del tiempo en que viven …, solo una “pega” ( tal vez atribuible al editor ) Este comentario debía haberse hecho / publicado , hace unas semanas ….Nunca es tarde , cuando la reflexión es profunda

    1. Coincidimos con usted, don Alfonso, en lo muy interesante de los aportes de Josito. Gracias por su comentario.
      Respecto a cuándo publicarlo, ya habrá visto usted que, por deseo del autor, su texto se va a publicar en tres partes. En la tercera se verá que el texto tiene relación, aunque no sólo, con la Jornada por la Vida del 25 de marzo.

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