EL VIAJE DEL PAPA LEÓN XIV A ESPAÑA Y SUS MENSAJES SOBRE LA REALIDAD DE LAS MIGRACIONES
Rufino García Antón
Recogemos la conferencia de Rufino García Antón, delegado de Migraciones de nuestra Archidiócesis de Madrid, sobre los mensajes acerca de las migraciones del Papa en su visita a España. Se realizó el 22 de octubre de este año 2026 en el Encuentro de los Delegados de Justicia y Paz de Europa de los Misioneros Espiritanos. Puedes descargarla en PDF pulsando aquí.
Una breve mirada a la situación de Europa en relación con la realidad migratoria
Europa está formada por países y realidades muy diversas y es muy difícil hacer una descripción de la realidad migratoria en su conjunto. Por eso, voy a servirme de algunas pinceladas de la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea). La COMECE mantiene una postura activa y crítica frente a la realidad migratoria, defendiendo firmemente que la política de la Unión Europea debe basarse en la dignidad humana inviolable, la solidaridad y los valores cristianos de acogida al extranjero. Por eso, se opone a las devoluciones masivas y critica la externalización de las fronteras; propone vías legales y regulares, la solidaridad compartida y la atención a las causas en su raíz. La Iglesia articula estas demandas en un escenario donde los flujos migratorios son de vital importancia para el continente, porque contribuyen a la sostenibilidad demográfica y tienen un impacto laboral positivo, siendo indispensables para la viabilidad económica y la sostenibilidad de los sistemas de pensiones en sectores clave como los servicios, los cuidados y la agricultura.
Esta postura de la COMECE está en relación con el Pacto Europeo de Migración y Asilo que entró en vigor el 12 de junio de 2026. La Iglesia, a través de este organismo, ha abogado históricamente por que el Pacto ponga a las personas en el centro de todas las decisiones y plantea un enfoque humanitario de tal manera que la gestión de las fronteras no anule la dignidad humana, se ha mostrado crítica con la “solidaridad a la carta” (que los países miembros puedan evadir su responsabilidad de acogida mediante compensaciones económicas), apuesta por la solidaridad y la generosidad (la gestión de la migración no puede recaer solo en los países de primera entrada (los países de la Frontera Sur) y reclama una solidaridad compartida entre todos los Estados miembros de la UE.
Finalmente, no podemos dejar de mostrar una gran preocupación por el auge de los grupos y partidos de la extrema derecha en muchos países de Europa, grupos y partidos con una postura claramente racista y xenófoba.
Los mensajes del Papa en su viaje a España están en continuidad con la doctrina de su antecesor, el Papa Francisco
En efecto: sin ánimo de ser exhaustivo en la exposición de la amplia y rica doctrina del Papa Francisco al respecto, es suficiente con que recojamos el mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2018 y aquellos famosos cuatro verbos que se han constituido en una verdadera hoja de ruta en la pastoral de migraciones: acoger, proteger, promover e integrar.
“Considerando el escenario actual –señala el Papa-, acoger significa, ante todo, ampliar las posibilidades para que los emigrantes y refugiados puedan entrar de modo seguro y legal en los países de destino…. El principio de la centralidad de la persona, expresado con firmeza por mi amado predecesor Benedicto XVI, nos obliga a anteponer siempre la seguridad personal a la nacional”.
“El segundo verbo, proteger, se conjuga en toda una serie de acciones de defensa de los derechos y de la dignidad de los emigrantes y refugiados, independientemente de su estatus migratorio. Esta protección comienza en su patria y consiste en dar informaciones veraces y ciertas antes de dejar el país, asi como en la defensa ante las prácticas de reclutamiento ilegal…… Por tanto, espero que, en el respeto a su dignidad, les sea concedida la libertad de movimiento en los países de acogida, la posibilidad de trabajar y el acceso a los medios de telecomunicación”.
“Promover quiere decir trabajar con el fin de que a todos los inmigrantes y refugiados, así como a las comunidades que los acogen, se les dé la posibilidad de realizarse como personas en todas las dimensiones que componen la humanidad querida por el Creador”.
“El último verbo, integrar, se pone en el plano de las oportunidades de enriquecimiento intercultural generada por la presencia de los emigrantes y refugiados. La integración no es ´una asimilación, que induce a suprimir o a olvidar la propia identidad cultural. El contacto con el otro lleva, más bien, a descubrir su ´secreto´, a abrirse a él para aceptar sus aspectos válidos y contribuir así a un conocimiento mayor de cada uno´” (aquí el Papa Francisco cita a San Juan Pablo II en su mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2005).
Estos cuatro verbos y las actitudes y hechos correspondientes se complementan mutuamente, no van por separado.
Los mensajes del Papa León XIV en España
Ya en el primer discurso en el Encuentro con las Autoridades, con la Sociedad Civil y con el Cuerpo Diplomático, subrayó cómo la historia de España “sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad”. Y un poco más adelante señaló cómo “la presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese período no solo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos”.
Y, volviendo a los cuatro verbos del Papa Francisco que antes señalábamos, también León XIV los tuvo presentes en sus mensajes
El de acoger lo puso de relieve en el acto de Visita a los Operadores y Asistidos del Proyecto Social “CEDIA 24 horas”, cuando, respondiendo a las palabras de un joven subsahariano, Khadri Edjahd, dijo: “Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Khadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y, sobre todo, ha recuperado las ganas no solo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como lo han apoyado a él”.
Acogida que sintió el Papa en Madrid, como en todos los demás lugares de España que visitó, y que expresó muy agradecido con estas palabras: “Sinceramente estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid. Como ha dicho su Eminencia –se refería al Cardenal Arzobispo de Madrid, Don José Cobo-, quien está en Madrid, es de Madrid. Y por tanto yo también estoy entre vosotros como un madrileño más: gracias, Madrid, por esta bienvenida. Una bienvenida que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo”. Y es que, en la experiencia del acogernos y de sentirnos acogidos, recibimos el impulso para ser más acogedores y encontrarnos con los diferentes, con los distintos, con los que no piensan como nosotros, con los que son de otra cultura o de otra religión, con los que son de otros países, etc.
El de proteger lo reflejó en su discurso del Puerto de Arguineguín, en Las Palmas de Gran Canaria: “Acabamos de escuchar una de las páginas más exigentes del Evangelio. Sabemos que este mismo capítulo hace también una advertencia que ningún creyente puede tomar a la ligera (Mt 25, 41-45: “Entonces dirá a los de su izquierda: ´Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis´. Entonces también estos contestarán: ´Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?´. Él les replicará: ´En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo´”). Hoy, junto al mar, la Palabra se vuelve concreta: aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan por el miedo, el hambre, la violencia, después del desierto, de la noche y del mar… Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio siguen hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche”.
El de promover está presente también en varios momentos de sus mensajes. Así, cuando en el discurso que pronunció en el Encuentro con los miembros del Parlamento Español, les dijo que “la situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que les obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos…… y promover al mismo tiempo el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, por las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática (cf. Magnifica Humanitas).
También aparece de una forma más o menos explícita en la Homilía en el Estadio de Gran Canaria: “En estas expresiones –se está refiriendo a 1J 4,9: “Dios envió al mundo a su Hijo para que vivamos por medio de él” y a Mc 2,9: “Levántate. Coge la camilla y echa a andar”-, reconocemos la invitación a abrazar maternalmente al que sufre, pero al mismo tiempo a preparar y alentar al que está herido para que se levante y vuelva a ponerse en marcha para una vida libre y digna”.
El de integrar lo expresó también en varios lugares, pero sobre todo en el Encuentro con las Realidades de Integración de los Migrantes en la Plaza del Cristo de La Laguna (Tenerife). Allí, el Papa comentó que “integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente. Integrar es un camino recíproco: quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro……. La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado. Alcemos la mirada hacia él, sin apartarla de quienes sufren; miremos al Señor para aprender a mirar con sus ojos a nuestros hermanos”.
Otros acentos presentes en los mensajes del Papa
La dignidad y el valor de cada persona, expresado en el discurso ya citado del Puerto de Arguineguín: “Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo o de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirena”, son industrias de muerte”. En este mismo sentido, son particularmente proféticas las palabras de León XIV en su discurso en la catedral de Santa Ana, en Las Palmas de Gran Canaria, a los Obispos, los Sacerdotes, los Diáconos, los Religiosos, las Religiosas, los Seminaristas y los Agentes de Pastoral: “La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra. Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños. No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.
El dolor por los que mueren en las rutas migratorias
El Papa lo expresó así en el Encuentro con los Migrantes del Centro Las Raíces: “Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana. No obstante, existe también un naufragio silencioso después de la llegada: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad. Integrar es impedir un segundo naufragio. Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.
Contundentes en este sentido fueron también las palabras finales del Santo Padre en el discurso ya referido en la Catedral de Santa Ana (Las Palmas de Gran Canaria) en el Encuentro con los Obispos y demás miembros de la Iglesia diocesana: “Y que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros”.
Una llamada a la esperanza y a alzar la mirada
Así se despidió el Papa en la Homilía de la Misa de despedida en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido, y reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España. Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: ´¡Alzad la mirada!´. Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera. ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!”.
Conclusión
Termino esta exposición como la empecé: dando las gracias por la invitación a participar en este Encuentro de los Delegados de Justicia y Paz de Europa de los Misioneros Espiritanos. Me siento enriquecido y agradecido por la posibilidad que he tenido de compartir con vosotros los mensajes del Papa León XIV en su reciente viaje a España. Y rezo para que Europa no pierda de vista sus raíces y sea fermento de Justicia y de Paz para el mundo. ¡MUCHAS GRACIAS!
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