ENCUENTRO DE LEÓN XIV CON LAS REALIDADES DE CARIDAD Y ASISTENCIA DIOCESANAS
– Barcelona, Iglesia de Sant Agustí –
Tomado de Vatican News
La llegada del Papa comienza en 8:14.
El vídeo y preguntas de Renzo, niño de 6 años, empieza en 32:00
ATENCIÓN: los textos siguientes están sacados directamente del vídeo, porque la intervención papal ha tenido varios momentos improvisados.
INTERVENCIONES
SALUDO DE JUAN JOSÉ OMELLA Y OMELLA, arcobispo de BCN
Bienvenido, santo padre, a esta parroquia de San Agustín situada en el corazón del casco antiguo de la ciudad de Barcelona, parroquia que atienden con gran dedicación sus hermanos los padres Agustinos.
Adosada a la iglesia detrás, vive la comunidad de misioneras de la caridad de la madre Teresa de Calcuta desde hace muchos años, que atienden con la ayuda de muchos voluntarios a los más necesitados y excluidos de nuestra sociedad. Aquí se reúnen también la parroquia personal filipina, les aplaudimos a ellos porque lo merecen.
Hoy resuenan con mucha fuerza las palabras de San Pablo, Caritas Christi urget nos. La caridad de Cristo nos empuja a ser mejores y a vivir la caridad, aquí están presentes algunos representantes de las instituciones que trabajan en el ámbito caritativo en nuestra archidiócesis de Barcelona.
Los cristianos estamos llamados a cuidar y vivir con entusiasmo las grandes acciones evangelizadoras de la iglesia, que son la liturgia, donde celebramos el encuentro con el Señor en la oración y acogemos al Dios que nos salva. Otra acción evangelizadora es la formación y la catequesis para dar razón gozosa de nuestra esperanza, formarnos, profundizar en el misterio del amor de Dios. Y tercera acción evangelizadora que no puede faltar es la caridad, expresión concreta del amor cristiano en el cuidado de los más pobres, necesitados y excluidos de nuestra sociedad.
Usted, Santo Padre, nos lo ha recordado con sus palabras desde el día de su elección como obispo de Roma y Papa de la Iglesia Universal. Por eso, deseamos escuchar su mensaje aquí esta tarde, que nos animará a vivir con más ardor las bellas y exigentes palabras de Jesús en el Evangelio. Lo que hacéis a uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacéis.
Palabras hermosas y consoladoras. Queremos que nuestro servicio de caridad vaya siempre acompañado del anuncio de Jesucristo y de su Evangelio. Cuente con nosotros, Santo Padre, para seguir mostrando y defendiendo la dignidad de toda persona humana y el rostro de Jesucristo presente en cada uno de nuestros hermanos más vulnerables.
Estamos deseando escuchar su palabra. Gracias, Santo Padre. Santo Padre, tres representantes de algunas de nuestras instituciones que trabajan con las personas vulnerables le dirigirán unas palabras.
En primer lugar, Cristina, secretaria general de Cáritas Diocesana de Barcelona. En segundo lugar, será Xavier, director de Ovinso, una entidad de integración social dedicada a la abstención de personas con adicciones o en exclusión social. La tercera será Encarna, religiosa adoratriz cuya actividad se centra en mujeres que han pasado por el drama de la trata.
CRISTINA GARCÍA MARSÀ. Secretaria General de Cáritas BCN.
Santo Padre, de acuerdo con la misión que nos ha confiado, Cáritas es la expresión institucional de la acción caritativa y social de la Iglesia diocesana de Barcelona. Entendemos nuestro servicio desde una triple misión.
En primer lugar, presentar en nombre de la Iglesia el amor de Dios hacia las personas más vulnerables. Por eso, nunca olvidemos que toda nuestra acción está relacionada con el mandamiento del amor que el Señor nos ha dejado. Y en sus palabras, todo lo que hicieron a favor del más pequeño de mis hermanos, a mí lo hicieron.
En segundo lugar, acompañar y sostener a las comunidades cristianas de nuestra diócesis en el desarrollo de esta actividad caritativa y social. Y lo hacemos recordando siempre que vivir y hacer visible el amor de Dios no es una tarea exclusiva de Cáritas, ni de las entidades sociales, sino una llamada que el Señor dirige a todo pueblo santo.
En tercer lugar, ejercer una denuncia profética, dar voz a quienes no la tienen y sacar a la luz aquellas estructuras que generan pobreza y exclusión.
Y cuando nos piden que expliquemos esta triple misión en una sola frase, decimos que en Cáritas acogemos, defendemos y amamos. A pesar de la dureza de muchas realidades que vemos cada día, familias enteras viviendo en habitaciones de realquiler, la soledad de las personas mayores o el trabajo precario en tantas otras situaciones, nunca perdemos la esperanza en la capacidad de las personas para recuperar su propio rumbo, ni la confianza en la fuerza transformadora del amor de Dios. Y, sin embargo, Santo Padre, a veces también sentimos impotencia, impotencia por no llegar a todas las personas, a todos los hogares, a todos los rincones donde es tan necesario, y nos preguntamos si vivimos con suficiente intensidad el mandamiento del amor que el Señor nos dejó para construir una sociedad más justa.
Gracias, Santo Padre, por su presencia hoy entre nosotros y por sus palabras de apoyo, consuelo y estímulo que nos animan a seguir sirviendo con humildad, esperanza y fidelidad al Evangelio. Muchas gracias.
XAVIER AGRAMUNT, director de Obinso, entidad dedicada a la lucha contra las adicciones.
Nuestro trabajo se resume en un verbo sencillo y exigente, ayudar. Ayudar no como un gesto, sino como una fidelidad en el tiempo. Ayudar es estar, crear vínculo, ofrecer una presencia firme para que el ruido interior vaya callando y pueda emerger una voz frágil pero verdadera. Una voz que despierta cuando encuentra a alguien capaz de escuchar y permanecer.
Caminamos sabiendo que nuestras manos no alcanzan todo lo que el corazón quisiera abarcar. Hay heridas que no logramos cerrar del todo y límites que pesan también sobre los que acompañamos. Y aun así, somos testigos de la esperanza que nace del vínculo y de la dignidad que no se pierde ni siquiera en la caída. Ahí la fe se convierte en una fuerza silenciosa y tenaz.
En Obinso, como en otras entidades sociales de la Iglesia, vivimos este compromiso como una misión de servicio, inspirada en el humanismo cristiano. Siguiendo la intuición de nuestro fundador, mosén Pere Cornellas, no se trata tanto de resolver vidas como de no apartarse de ellas. Cuando se crea el espacio adecuado y se acompaña con respeto, esa voz interior puede despertar. Lo vivimos recientemente en el jubileo de los pobres en Montserrat. Allí, sin haberlo previsto, algunos usuarios pudieron reconocerse vulnerables y confiar su futuro a otros y a la vida. Trabajamos con gozo y espíritu evangélico aun sabiendo que no llegamos a todo y que a veces duele no poder hacer más. Y desde ahí, quisiéramos dejarle una pregunta abierta: ¿Cómo sostener la esperanza cuando el dolor parece más grande que nuestras fuerzas? Muchas gracias.
ENCARNACIÓN JORDÁN, de la Fundación Amaranta, desde su trabajo contra la Trata de Personas.
Santo Padre, soy religiosa adoratriz y sigo a Jesús desde la misión carismática recibida por Santa María Micaela, nuestra fundadora, y camino al lado de las mujeres que han sido víctimas de la trata de personas. Un camino compartido que se hace acogida, encuentro y liberación. En mi trabajo cotidiano resuenan en mí las palabras de Jesús: He venido para que tengáis vida.
Acompañar los procesos de recuperación de estas mujeres y sus hijos me suscita indignación al descubrir el profundo dolor y las huellas que este tipo de esclavitud ha dejado en sus vidas. Porque son mujeres que emprendieron un proceso migratorio, huyendo de situaciones de violencia, conflictos bélicos y pobreza. Buscaban una vida mejor, tenían sueños y se encontraron en situaciones de trata de personas. A la violencia sufrida se suman los desplazamientos y el desarraigo familiar, social y cultural por habitar en otro país.
El sufrimiento que genera esta cruda realidad no me deja indiferente. Escuchar día tras día ese clamor de su pueblo me lleva al compromiso por la justicia y la liberación, intentando mostrar el rostro compasivo de Dios al estilo de Jesús que se abajó para levantar a las personas más vulnerables, dignificando sus vidas desde la convicción de que toda vida es sagrada. Estar en la realidad como presencia que cuida, denuncia y propone alternativas que dignifican, supone un camino muy largo y muy lento.
El acceso a derechos en nuestro mundo actual es muy difícil. Acceder a un trabajo digno, a una vivienda, a relaciones inclusivas, conlleva incidir para cambiar estructuras, miradas y mentalidades. En este camino he aprendido junto a ellas que acompañar es sostener sin abandonar, reconocer cada pequeño paso y permanecer confiando en el Dios de la vida cuando el horizonte no se vislumbra. Por eso hoy necesitamos semillas de esperanza.
Y quiero terminar con un reconocimiento a cada mujer fuerte y valiente, superviviente de muchos naufragios que nadan contra viento y marea para superar obstáculos. Mujeres capaces de celebrar la vida mostrándonos que el mal no tiene la última palabra.
Y gracias, Santo Padre, por invitarnos a alzar la mirada y a continuar al costado de las personas más vulnerables. Gracias.
ABRE LA CARTA. Relato en vídeo de, Renzo, un niño de 6 años. Y preguntas posteriores de Renzo al papa, en vivo. Véase tanto el vídeo como las preguntas en el vídeo de arriba desde el minuto 32:20.
A continuación, se proyectará un video. Un breve relato situado en un barrio humilde de Barcelona. Sus protagonistas no son actores, son una familia real que vive una situación de vulnerabilidad y se han acercado a una comunidad parroquial de su barrio. Con generosidad y confianza han querido abrirnos su hogar y compartir parte de su historia. Desde la mirada inocente de Renzo, un niño de seis años, este video nos acerca a tantas familias que viven con preocupación la falta de recursos y el miedo a perder el hogar. Es un relato que también contiene signos de esperanza.
[se proyecta el vídeo que hemos situado antes]
Santo Padre, la carta real ha llegado a la parroquia de San Agustín. Va dirigida a usted y el remitente es Renzo. ¿Ha venido Renzo? Sí, ha venido. ¿Le quieres leer la carta al Santo Padre? ¿Sí? Pues ven para acá.
[se acercan Renzo y su madre, y habla Renzo]
Hola, papá León XIV [lo de papá no es errata, así lo dijo el niño]. Soy Renzo, tengo seis años. Te quiero hacer unas preguntas.
¿Te gusta el fútbol? ¿De pequeño querías ser papa? ¿Por qué mi mamá y papá están preocupados?, ¿Por qué mi papá tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y a otras no? ¿De quién es la culpa? ¿Porqué hay tantas personas que viven en la calle? Nadie los ve, nadie los ayuda. El pequeño ha continuado: «¿Cómo podemos ayudar si el mundo es tan grande? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos? ¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes? ¿Hay que perdonar siempre?».
Un fuerte abrazo, Renzo.
INTERVENCIÓN DEL PAPA
Estimados hermanos y hermanas, buenas tardes.
Y las palabras que me ha dispensado, así como también el delegado de Pastoral Social y a quienes han compartido con nosotros sus testimonios sobre las realidades de caridad y asistencia diocesanas. Quisiera agradecer a Renzo, su carta, las preguntas que me hace. Voy a intentar responder algunas.
La que ya contesté es que no quería ser papa, ni como joven ni como viejo, pero cuando el Señor llama, hay que decir sí. Antes de responder las preguntas, solo quiero decirles muchas gracias por la acogida y que aquí, de verdad, me siento en casa. Y gracias por todo lo que ustedes representan.
La razón que pensarán evidente es porque es San Agustín. Pero les cuento, la primera vez que vine a esta iglesia, no había este arzobispo aquí a mi lado. En 1984 viajaba por tierra desde Roma a León.
Y llegué y dije, miren, en Barcelona hay una iglesia de San Agustín, vamos a visitarla. Estaba cerrada. Hoy está abierta.
Y qué hermoso es encontrar una iglesia con una comunidad de agustinos y con tantas personas que viven, que alaban a Dios, que encuentran comunidad acogida, integración en esta iglesia y en esta pastoral social. Muchas gracias a todos, de verdad. En cuanto a la pregunta sobre el fútbol, todo el mundo sabe que Azora juega tenis.
Jugaba fútbol como joven, pero fútbol americano, un poco más violento. Pero también con los seminaristas cuando estuve en Trujillo, jugaba fútbol. Defensa, si quieren saber.
No era un gran goleador. Pero cuando estaba en Roma, donde viví la primera experiencia del Mundial, 1982, que fue aquí en España, luego en Perú con los seminaristas, seguía mucho los equipos locales, pero también jugaba con los seminaristas. Poco deporte hace bien para todos.
Hay que buscar cómo, digamos, conservar y estar en buena salud, cuerpo, mente y alma. Entonces eso sí ha sido parte de mi vida. Pues el fútbol también nos ayuda a recordar algo muy importante, que la vida no es una carrera para vivir en una forma solitaria.
Es algo que se juega en equipo, y hay que aprender a correr juntos. Entonces en ese sentido, uno que puede ser una estrella, pero que nunca pasa la pelota, pues no deja que los otros entren en el juego y probablemente va a perder. Y entonces también pensando en nosotros y pensando cómo integrar en un equipo, pues también quiero reconocer y felicitar todo lo que están haciendo aquí.
Segunda pregunta, ya contesté, pero sigo un poco el texto, si no nos vamos a perder y terminamos a las ocho y media. Me pregunta si de pequeño quería ser papa. Bueno, Renzo, creo que no.
Yo creo que nunca lo pensé, pero si puedo decirte algo, desde pequeño sentí el deseo de entregar mi vida a Dios. No sabía todavía del todo cómo ni dónde me llevaría el Señor, como con el tiempo fui descubriendo a Jesús. Que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote y que ese camino pasaba por la orden de San Agustín.
Pero esto no vale solo para mí. Todo niño es un sueño de Dios. Tú también lo eres, Renzo.
Pero yo creo que la felicidad de todos si quiere que desde pequeños y durante toda la vida conservemos un corazón como el de los niños. Capaz de confiar, lleno de bondad. Quiere que seamos sus amigos y no nos apartemos de él.
Por eso, más importante que preguntarse si uno será sacerdote, médico, maestro, padre de familia o cualquier otra cosa, es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús. Porque la amistad con Jesús nos da alegría, nos hace libres y nos ayuda a ver paso a paso la vocación y el camino que Dios ha pensado para cada uno. Luego encontrar la respuesta, Renzo, a tu pregunta sobre por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y en cambio a otras no.
Pensar en la vida de Jesús quizás nos puede ayudar. La palabra de Dios nos dice que nuestro Señor pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo. Y sin embargo, sabemos que fue crucificado.
Pero ahí no terminó la historia, porque resucitó al tercer día y venció al mal y venció a la muerte. A través de la vida de Jesucristo, Dios nos muestra que, aunque haya sufrimiento, Él nunca abandona a ninguno de sus hijos, porque nos tiene preparada una alegría eterna donde ya no habrá tristezas ni dolor. Tengamos confianza.
Jesús está con nosotros. Nos ayuda y acompaña y nos da fuerzas para atravesar los momentos difíciles que podemos encontrar en la vida. Sobre los abuelos, los abuelos son muy importantes en la vida de la familia.
Nunca deberían quedarse solos. A menudo ellos son los que cuidan a los nietos mientras los padres van a trabajar. Y así con cariño y dedicación ayudan a los niños a conocer el amor a Dios y al prójimo para que echen raíces en sus corazones y un día lleguen a ser hombres y mujeres de bien.
¿Y cómo debemos corresponder al amor? Pues con amor. Es lo que Jesús quiere que hagamos. Cuidar y acompañar a nuestros abuelos en su vejez, así como ellos a su tiempo cuidaron de nosotros.
No permitamos que la soledad y el abandono se normalicen en la vida de los adultos mayores. Esto es algo muy triste. Tengamos nuestro corazón abierto a todos ellos y aunque no sean nuestros abuelos no permitamos que se sientan solos ni desprotegidos porque si no queremos la soledad para nosotros tampoco debemos permitirla para los demás.
Con respecto a si debemos perdonar siempre Jesús nos dice que sí. Un día Pedro le preguntó Señor, si alguien me hace daño ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Y Jesús le respondió no te digo hasta siete veces sino hasta setenta veces siete. Y con eso Jesús quiso decir y quiere decir a nosotros perdona siempre.
Pero hay que entender bien qué significa perdonar. Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza como si nada hubiera pasado.
Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón. Jesús nos pide perdonar porque es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas, heridas espirituales. Cuando perdonamos imitamos el ejemplo de Jesús que perdonó a quienes lo crucificaban.
Nuestra disposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios. Hermanos y hermanas estar aquí en esta iglesia de Sant Agustí abre nuestro corazón a una verdad que el santo obispo de Hipona nos indica. Ser cristianos es ante todo un regalo, una gracia cimentados en Cristo que es la piedra viva.
Experimentamos la acción del Espíritu Santo. Con la convicción de que todo esfuerzo realizado sinceramente para cooperar con él en favor de nuestro prójimo será bendecido por el Padre Celestial en quien ponemos nuestra esperanza.
Como miembros del cuerpo místico de Cristo estamos realmente ligados al destino de aquellos a quienes Dios ama e invita a participar de su vida. Llamados a amar a Dios y por amor a él, a nuestros hermanos somos también enviados a salir al encuentro de todos. El cristiano además de ser bondadoso y amable ha de ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás sabiendo que en cada hermano y hermana que sufre es el mismo Señor quien pide y recibe quien es acogido o rechazado amado o despreciado.
De ahí que cada comunidad eclesial diocesana movida por la caridad e instruida por el Espíritu Santo está llamada a acercarse según sus propias posibilidades y capacidades con discreción, delicadeza y perseverancia a las heridas y necesidades de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y remediar su pobreza. Lo hace imitando la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, por amor a nosotros, siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su gracia y su salvación y nos llama también a reconocerlo y socorrerlo en los más necesitados. Por eso es una alegría encontrarme esta tarde con todos vosotros que de diferentes maneras estáis concretamente vinculados a la asistencia, acompañamiento y promoción de quienes más lo necesitan sobre todo en los tiempos que estamos viviendo en los que parece haberse perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano.
Me gustaría subrayar que como cristianos estamos llamados a la tarea de hacer presente el amor de Dios por cada hombre y cada mujer en el tejido concreto de la historia. El libro del Génesis nos narra que Dios creó al hombre a su imagen la imagen de Dios lo creó varón y mujer los creó. En ello radica la dignidad inalienable de todo ser humano que no depende de las capacidades que posee de las riquezas que acumula o del rol que desempeña, sino del don que lo precede y lo excede dado por Dios como expresión de su amor que nunca falla.
El Señor pues nos invita a acoger a toda mujer como hermana a todo hombre como hermano. Como hijos del mismo Padre toda persona está constitutivamente hecha para la relación ha sido pensada y querida por Dios para formar en una historia de comunión con Él con los demás y con la creación.
Una expresión singular de este anhelo divino la constituyen las realidades diocesanas de caridad y asistencia de las que vosotros formáis parte y que lleváis adelante con esfuerzo y dedicación. Con la conciencia de que la persona humana está en el centro de la acción de la Iglesia y de que la caridad es el mayor mandamiento social. Os encorajo a unirse a vuestros pastores, a continuar animando a este apostolado, y os aliento a que, unidos a vuestros pastores, continuéis animando estos apostolados dando testimonio del Evangelio y mostrando al mundo la belleza de la vida cristiana que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el reino de Dios. Sed pues testimonios creíbles de la esperanza cristiana en el servicio solicito a los hermanos y hermanas que, en una condición de vida precaria marcada por la privación, la fragilidad o la marginación además de ayuda material y sostén moral necesitan a Dios, su amistad su bendición, su palabra sus sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe.
Todo el bien que procuráis que Dios os bendiga. Muchas gracias.
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