Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. VIGILIA DE ORACIÓN: MEMORIA Y ESPERANZA.

Vigilia por las víctimas de la violencia contra la mujer

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer
VIGILIA DE ORACIÓN: MEMORIA Y ESPERANZA
– 25 de noviembre de 2022 –
[Entrada publicada el 4.11.22. ültima actualización: 26.11.22]

INTERVENCIÓN DE JOSÉ LUIS SEGOVIA, ‘JOSITO’, EN LA VIGILIA
(en las fotos, las mariposas son las 38 mujeres asesinadas; las mariposas pequeñas blancas son los 44 huerfanso/as que han dejado estas mujeres)

Después de escuchar esa larga cascada de tragedias, personalizada con el nombre y la historia de cada una de las mujeres asesinadas el último año, la única reacción humana aceptable es echarse a llorar.

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. VIGILIA DE ORACIÓN: MEMORIA Y ESPERANZA
Pero no hemos venido a la Iglesia solo a llorar. Venimos también a rezar y a cultivar la esperanza.

“Orar es tratar de amistad con quien sabemos nos ama”. Con esta lucidez y claridad definía lo que es rezar una mujer, santa, mística, doctora de la Iglesia, andariega de caminos intransitados e inasequible al desaliento ante las incomprensiones -también eclesiásticas- de su tiempo.

Es lo que venimos a hacer esta tarde en la parroquia de Ntra. Sra. de la Consolación que nos acoge: orar y tratar de amistad; esto es, cultivar la cultura del respeto, la delicadeza, el buen trato, el cuidado, la igualdad…

No cabe ninguna forma de violencia en el amor. Por eso, poder y amistad, machismo y amor, dominación y encuentro personal, cariño y posesión, respeto y manipulación son términos incompatibles y antitéticos.

Somos conscientes de que no cabe ninguna forma de violencia, ningún modo de chantaje en la relación de amor. Mucho menos en el nombre de Dios, la cultura o la tradición.

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. VIGILIA DE ORACIÓN: MEMORIA Y ESPERANZAPor ello, esta tarde oramos desde la experiencia de un Dios amor que acortó todas las distancias, suprimió todas las barreras y eliminó las fronteras. Dios en Jesús “se abajó de su rango”, “se hizo uno de tantos” y “se puso a la cola de los pecadores”… Y, de forma aún más sublime, participó de la condición humana y, singularísimamente, de la condición humana victimal. En efecto, en Cristo están prefiguradas todas las víctimas, todas las personas humilladas, fracasadas, vencidas y flageladas. También las mujeres violentadas en mil formas y lugares por el hecho de serlo. Cuentan con la mayor autoridad: la autoridad moral del sufrimiento. La que no se puede adquirir por ningún otro titulo que no sea el dolor experimentado en primera persona del singular. Cuentan asimismo con la mayor fuerza y estímulo: la de Cristo Víctima.

Jesús, el Señor, la Víctima, muere porque los seres humanos morimos; está en nuestro ADN: somos mortales: de algún modo, morimos cada día un poquito… Pero, sobre todo, Jesús muere porque los seres humanos, desgraciadamente, matamos, asesinamos, cosificamos, victimizamos y condenamos al silencio… Y una forma de muerte y silenciamiento
particularmente execrable es la violencia contra la mujer.

Esta tarde tocan en nuestra catedral las campanas por ellas. Otras muchas parroquias replican su tañido lento y fúnebre. Lo hemos hilvanado pronunciando los nombres de cada una de las mujeres asesinadas, representadas en estas mariposas multicolores que adornan el templo. Rezamos al buen Dios por ellas y por sus hijas e hijos, sumidos en el
abismo vacío de una orfandad evitable.

Rezamos también por nuestra Iglesia y nuestra sociedad, para que seamos capaces de recrear las relaciones desde la amistad y la gratuidad y consideremos a cada ser humano, en su irrepetible singularidad, un fin en sí mismo, imagen preciosa del Dios Creador.

No cabe posesión en el amor verdadero. El cariño interpersonal no es susceptible de apropiación. Solo tendré realmente lo que he regalado y aquello de lo que me desapegado. Por eso, me gusta repetir, somos lo que hemos querido y lo que nos han querido. Pura relación de donación y gratuidad.

En este momento, más de 50.000 mujeres y 9.000 niños y niñas están sometidas a medidas explicitas de protección policial frente a sus agresores. Los datos hablan de la magnitud de un problema que, lejos de desaparecer, se replica no solo en personas de edad avanzada sino también en las generaciones más jóvenes. Ello nos lanza múltiples interrogantes sobre lo que no estamos sabiendo hacer como sociedad.

Pero en la Iglesia creemos no en lo dialéctico, sino en lo dialógico. Y por eso rezamos también por todas las personas que formamos nuestra querida Iglesia católica, aún con demasiados tics clericalones y machistas, y por nuestra sociedad, demasiado polarizada y violenta. Como creyentes, oramos por las mujeres asesinadas y sus familias, por todas las que sufren cualquier forma de violencia en forma de abuso de poder, de conciencia o sexual (a veces, por más silenciado que aparezca, incluso al interior de la vida consagrada femenina). También pedimos por la conversión y el cambio de los victimarios y la sensibilización de nuestras instituciones.

No queremos una desoladora y estéril guerra de hombres contra mujeres y de mujeres contra hombres; pero evitarla exige poner nombre a las desigualdades que persisten y a la insufrible violencia que padecen más mujeres de las que pensamos, muchas veces sentadas cada domingo en los bancos de nuestras Iglesias, a veces muy cerquita de sus maltratadores.

Pedimos medidas que respondan a las necesidades de las víctimas de la violencia, contempladas en toda su integridad y en todas sus dimensiones. Porque a la desigualdad que introduce el ser mujer, se suman otras inasumibles asimetrías como el ser pobre, o el ser extranjera, o el no tener los papeles en regla, o tener hijos a cargo… o un infinito “o”, “o”, “o”… que requiere inaplazables políticas públicas efectivas de protección e integración social alejadas de intereses, ideologías o demagogia política.

La oración es un puente infinito, sólido y ancho, muy ancho, entre el cielo y la tierra, entre el Altísimo y quienes habitan en los infiernos más abisales del desamparo, incluso entre los vivos y los muertos. Por eso, rezar nos
ahija, nos hace hijas e hijos de un Dios que nos abraza y que quiere que desparezca la violencia en las relaciones humanas.

Por eso, para terminar, dolorido y confiado, me dirijo a ti, Señor y único Salvador nuestro, para que nos alientes a combatir pacífica, paciente e incesantemente toda forma de violencia contra la mujer, porque como dice el papa Francisco: “Herir a una mujer es ultrajar a Dios”. Amén.

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. VIGILIA DE ORACIÓN: MEMORIA Y ESPERANZA

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A las 20:00, las campanas de la catedral -y de las parroquias y comunidades que se sumen- tocarán en memoria esperanzada por todas las víctimas de la violencia contra la mujer. Todas las parroquias está invitadas a celebrar la eucaristía teniendo en cuenta esta conmemoración.

Y, además, quedamos convocados a una Vigilia de Oración:

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. VIGILIA DE ORACIÓN: MEMORIA Y ESPERANZA.

4 comentarios

  1. Es importante educar a los niños varones con la idea de que no son superiores a las mujeres aunque tengan músculos más fuertes. Las mujeres tienen otras cualidades diferentes, pero sé complementan mutuamente. El machismo hace mucho daño.

  2. Gracias profe Josito. Fuy alumno tuyo en formacion adulta cuando ejercia de drtor nuestro querido Juan Martin Velasco y cia.
    ¡¡ Que pena tengo como parte de Iglesia de perdernos de un gran obispo Josito!!!
    Misterios de Dios. Un abrazo.

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